Vivimos en un mundo que nos pide correr, rendir, producir. Un mundo que a veces nos desconecta de lo esencial: nuestra voz, nuestro deseo, nuestra verdad.
Pero cuando una mujer se sienta a escribir —aunque sean cinco minutos— algo sutil ocurre: vuelve a su centro. Se escucha. Se reconoce. Se acompaña.
Escribir no es un acto intelectual. Tampoco reservado para unos pocos.
Es un acto de presencia.
Un espacio sagrado donde el alma puede hablar.
Como psicóloga y autora, aquí te comparto diez cosas que vale la pena escribir de vez en cuando. No como una obligación, sino como un regalo. Como una forma de recordar quién eres… cuando el ruido del mundo intenta que lo olvides.
1. Lo que estás leyendo — y lo que está despertando en ti
Escribe qué libro te acompaña hoy, pero también qué parte de ti toca.
Una idea que remueve una creencia.
Una frase que reconcilia algo interno.
Una intuición que se enciende.
Lo que lees también te está leyendo a ti. Y anotarlo convierte esa experiencia en sabiduría.
“Yo por ejemplo siempre que leo un libro, me encanta anotar párrafos o reflexiones, por eso nunca los presto ya que son diarios de vida! prefiero regalarlos y que quien lo reciba pueda disfrutar su proceso”
2. La última película que viste — y el mensaje que te dejó
Las historias que elegimos ver hablan de nuestras propias búsquedas. Y si hay una última película que te emocionó no debería pasar en vano.
¿Qué emoción te movió?
¿Qué personaje te reflejó?
¿Qué escena se quedó contigo?
Escribirlo te permite descubrir qué parte de tu vida está pidiendo atención o cambio.
3. Tus pequeñas grandes victorias
No las evidentes. No los diplomas o reconocimientos. Las invisibles.
Esas que nadie aplaude pero que transforman tu vida: poner un límite, pedir perdón, elegirte, descansar sin culpa, dejar una conversación a tiempo.
Reconocerlas por escrito fortalece tu autoestima desde adentro — no desde el aplauso, sino desde la verdad.
“Si tú no reconoces ni celebras tus logros, nadie lo hará por ti”.
4. Tus sueños y anhelos más sinceros
Escríbelos sin pedir permiso. Sin racionalizarlos. Sin achicarlos.
Lo que se escribe se honra.
Lo que se honra se fortalece.
Lo que se fortalece… encuentra camino.
“No filtres tus sueños. No los reduzcas. No los acomodes a tus dudas.
Escríbelos tal como nacen. Tal como los sientes.
Tu papel no es saber cómo —tu papel es declarar lo que anhela tu alma. El cómo llega después. Siempre llega”.
5. Tres cosas por las que sientes gratitud hoy
No la gratitud “correcta”.
La auténtica.
La que nace sin esfuerzo: un rayo de luz, una calma inesperada, el abrazo de alguien, una señal que llegó justo cuando la necesitabas.
La gratitud escrita afina la mirada: te enseña a ver la belleza incluso en medio de un desafío.
6. Los aprendizajes que la vida te estuvo mostrando
Cada desafío trae una enseñanza escondida. Escribirla es como extraer oro de la tierra.
Quizás aprendiste a poner distancia, a confiar más, a soltar el control, a elegirte con más firmeza.
Anótalo. Así transformas dolor en crecimiento, experiencia en conciencia.
A veces la vida nos habla en voz baja… y otras veces nos habla a través de un sacudón. Pero siempre hay un mensaje. Siempre.
Para que lo veas más claro, quiero dejarte un ejemplo que podría surgir en tu propio cuaderno:
“Este año aprendí que forzar lo que no fluye solo me desgasta.
Aprendí que cuando intento sostenerlo todo, me pierdo a mí misma.
Aprendí que poner límites no es un acto de rebeldía, es un acto de amor propio.
Y aprendí que cuando suelto el control —aunque me dé miedo— aparece una paz inesperada.
La vida me enseñó que mi valor no depende de lo que hago, sino de quién soy…
y que escucharme a mí misma es una forma de regresar a casa.”
7. Los nombres que marcaron tu camino
Personas que te acompañaron, que te empujaron a crecer, que te abrieron una puerta, que te dieron una palabra cuando más lo necesitabas.
Escribirlos es un acto de gratitud y reconocimiento.
Pero también una forma de recordarte que no caminaste sola.
8. Tus miedos — y el mensaje que necesitan escuchar
Escríbelos con honestidad.
Diles qué necesitas.
Pregúntales qué vinieron a mostrarte.
Cuando un miedo es puesto en palabras deja de dominar desde la sombra.
Se vuelve manejable. Y a veces, incluso, un maestro valioso.
9. Tus momentos de paz, plenitud o belleza
Ese instante en que respiraste profundo.
Ese día en que tu alma descansó.
Ese lugar al que tu mente vuelve cuando busca refugio.
Anotar esos momentos crea memorias de luz a las que podrás regresar cuando la vida se ponga ruidosa.
10. Tus afirmaciones — lo que deseas sembrar en ti
Escribe frases que te eleven.
Que te recuerden tu poder.
Que te devuelvan al amor cuando la mente se llena de dudas.
“Soy suficiente.”
“Confío en mí.”
“Merezco lo bueno que llega.”
Escribirlas no solo afirma: reentrena tu lenguaje interno.
✨ El fondo de todo esto
No se trata de llevar un diario perfecto ni de convertir esto en una obligación.
Se trata de darte un espacio para escucharte.
Para reconocerte.
Para volver a ti.
Escribir es, en el fondo, un acto profundo de amor.
Una forma de decirte:
“Estoy aquí contigo. Te veo. Te escucho.”
Ojalá te regales este espacio más seguido. No para hacerlo “perfecto”, sino para volver a ti. Escribir estas diez cosas, una vez al año o cada vez que tu alma lo pida, se convierte en un mapa precioso: te muestra dónde estuviste, qué aprendiste, qué estás sanando y hacia dónde quieres caminar.
Ponle fecha. Vuelve a estas páginas dentro de unos meses.
Mírate con ternura. Admira cuánto has crecido.
Y si esta nota resonó contigo, compártela con otra mujer que quieras acompañar en su camino.
A veces una frase, una idea o un ejercicio sencillo abre una puerta interior que llevaba mucho tiempo esperando.
Y antes de cerrar, te dejo algo que siento de verdad:
si estás en un momento de búsqueda, de transición o de inicio, “El Poder de Creer” (ver aquí) puede ser una compañía maravillosa para este proceso.
No porque tenga respuestas mágicas, sino porque te recuerda las que ya viven en ti… esas que a veces se silencian con el miedo, la prisa o la duda.
Gracias por estar aquí, por leerte y por permitir que tus palabras te devuelvan a casa.
Con cariño,
María Paz


