En una sesión de coaching reciente, una clienta me dijo algo que me quedó resonando días enteros:
«Sé que debería estar agradecida. Tengo todo lo que se supone que hay que tener. Pero me siento vacía. Y eso me hace sentir peor, porque no entiendo por qué.»
Me quedé en silencio un momento. No porque no supiera qué responder, sino porque reconocí esa frase. La he escuchado muchas veces en sesiones. Y si soy honesta, también yo la he dicho.
El guión que no escribiste
Desde muy pequeñas, todas recibimos un guión. No nos lo dieron por escrito ni nadie lo explicó en voz alta. Llegó en comentarios sueltos, en lo que se celebraba y lo que se callaba, en las expectativas que flotaban en el aire de la casa.
Ese guión tenía personajes bien definidos:
- La hija obediente que no molesta.
- La mujer que sonríe aunque duela.
- La que aguanta o calla porque «así son las cosas».
- La que primero atiende a todos y después, si queda tiempo, se atiende a ella.
Y fuimos tan buenas aprendiéndolo que un día lo confundimos con nuestra propia voz.
Cuando la vida «exitosa» se siente ajena
El problema no aparece cuando la vida va mal. Aparece cuando la vida va exactamente como «se supone» — y aun así algo no encaja.
Porque la vida que construiste puede ser hermosa y real y tuya en muchos sentidos… pero si fue construida sobre un guión ajeno, siempre va a haber algo que no termine de encajar del todo. Como usar un zapato de la talla correcta pero en el pie equivocado.
Eso no significa que todo lo que tienes está mal. Significa que es momento de revisar cuánto de lo que crees sobre ti misma fue elegido libremente, y cuánto fue absorbido sin preguntarte.
El primer paso del autoconocimiento no es cambiarse
Cuando trabajo esto en sesión, hay algo que repito mucho: el primer paso no es cambiar lo que haces. Es observar desde dónde lo haces.
¿Eso que crees sobre ti misma — que tienes que ser fuerte, que no puedes pedir, que descansar es perder el tiempo — lo elegiste tú? ¿O lo fuiste recogiendo del camino sin darte cuenta?
No es una pregunta fácil. Pero es la pregunta que lo cambia todo.
Para reflexionar esta semana
¿Qué parte de quien eres hoy la elegiste tú, y qué parte te la pusieron otros?
No hay respuesta correcta. Solo hay honestidad. Anota lo que aparezca, sin juzgar. A veces lo más revelador llega en la segunda o tercera frase, cuando ya bajaste la guardia.
Y si al hacer este ejercicio algo se mueve fuerte — una incomodidad, una claridad, o las dos cosas a la vez — eso es exactamente la señal de que estás en el camino correcto.
Si esta pregunta removió algo en ti, el Desafío 21 días de amor incondicional es el lugar donde muchas mujeres empiezan a reconectarse con ellas mismas — un día a la vez, sin presión.
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Con cariño,
María Paz
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